Por fin había acabado en el trabajo, tenía muchas ganas de llegar a casa ya que había sido un día horrible, todo el tiempo corriendo para poder entregar los proyectos pendientes a mi jefe. Sentía que durante ese día nada tenía sentido, pero no sabía que aun me iba a ocurrir una historia curiosa que nunca olvidaría.
Salí del edificio donde trabajo para dirigirme al tren rumbo a mi casa. Era un día muy frío además de que llovía con ganas, así que puse mi bufanda de manera que me tapará hasta la nariz, me puse el abrigo, abrí el paraguas y me dirigí a la estación de tren.
Cuando por fin llegué a la estación anunciaban los altavoces que el tren con destino a Martorell iba con una hora de retraso a causa de la tormenta. Así que ya iba suficiente enfada por el día que había tenido como para encima retrasar mi tan deseada llegada a casa, tenía los pies mojados porque el agua me había traspasado las botas, estaba helada y hambrienta porque solo me había dado tiempo a comer un tentempié. Eran las 6:30 de la tarde, así que como aun quedaba tiempo fui a la pequeña tienda que hay dentro de la estación y me compre una botella de agua y un paquete de galletas.
Bajé al andén, miré el reloj pensando que habría pasado ya media al ir a comprar, pero solamente habían pasado 10 minutos con lo que saqué un libro que llevaba encima y me puse a leer.
Estaba tan concentrada en mi lectura que no me había dado cuenta que la estación estaba repleta y que a mi lado se había sentado un chico, más o menos de mi edad, pero mi sorpresa llegó cuando veo que coge el paquete de galletas que lo tenía apoyado en mi pierna y lo abre, coge una galleta y la come gustosamente, por lo que me irrite una barbaridad, ya llevaba encima un gran enfado como para que ahora se comieran mis galletas, así que no me iba a quedar con los brazos cruzados…
Bien, este es el principio de la historia. Nada más comenzar describe un día un tanto malo para la protagonista, el cual puede ser semejante a un día malo del lector, de manera que se puede meter en el papel sin dificultad alguna. Por este mismo motivo la he narrado en primera persona, de esta manera el lector puede saber los pensamientos, reflexiones y el como se siente la protagonista, de esta manera es más fácil el poder enganchar al lector en la historia y que se sienta representado o sienta empatía con la protagonista, poniéndose en la piel de ella.
Por otra parte para poder enganchar al lector a la historia, en el primer párrafo (escrito todo el texto en pasado), la protagonista comenta que esa tarde le pasar algo curioso, es decir, algo que no es habitual, además de acabar esta primera parte con la intriga de que ahí no se acaba la historia, sino que en realidad, a partir de ahí empieza realmente lo interesante.
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