jueves, 7 de enero de 2010

La bolsa de galletas (final de la historia)




… Estaba tan enfadada que me moría de ganas por gritarle cuatro cosas, pero tampoco quería montar el espectáculo y que todo el mundo me mirara, así que le mire con cara de pocos amigos y le arrebaté de un tirón la bolsa de galletas, cogí una y me la comí enfada, el me sonrió y cogió otra galleta de la bolsa y se la comió sonriéndome.

Este hecho aun me puso más furiosa así que cogí otra galleta de la bolsa, con gestos bastante brusco, y me la comí, estaba tan rabiosa que me hacía daño en las mandíbulas al morder con tanta fuerza. Miré la bolsa y ya solamente quedaba una galleta, pensaba que el chico no sería capaz de comérsela, pero me volvió a sonreír, metió la mano delicadamente en la bolsa, cogió la última galleta la partió con sus manos exactamente por la mitad, me volvió a sonreír y se comió el una mitad y la otra mitad me la dio a mi. No me podía creer lo que estaba pasando.

De repente pitó el tren que entraba en la estación, así que cabreada cogí el bolso y del mismo enfado que llevaba no me di cuenta que iba arrasando con las personas que se cruzaban en mi camino dirección a coger el tren. Me subí en él y desde la ventana vi al chico, aún sentado en el banco, mirándome y riéndose mientras me decía adiós con la mano. No entendía como podía ser así una persona, como se podía quedar tan pancho, hacer como si nada y encima sonreírme.

Tenía mucha sed a causa de comerme 2 míseras y media galletas, así que abrí mi bolso para coger la botella de agua para beber cuando me di cuenta que hay estaba, que dentro del bolso llevaba mi bolsa de galletas sin abrir, por lo que me di cuenta de que esa bolsa de galletas que tenía el chico en realidad no eran las mías, sino que eran las suyas y que los papeles habían cambiado. No era él el que se comía mis galletas, sino que era yo quien le había arrebatado su bolsa y me había comido un par.


En esta entrada se puede ver el final de la historia. Con este relato se pueden identificar varias personas en lo que se refiere a un mal día. Además de que las personas muchas veces juzgamos antes de tiempo y en algunas ocasiones podemos ser nosotros los primeros que hagamos lo que los demás no queremos que hagan sin darnos cuenta. De manera que con este relato se crea esta emoción e identificación con la protagonista de la historia y con ello darnos cuenta que antes de juzgar o enfadarnos debemos de observar, analizar y entender la situación, así que este es el sentimiento, el valor, que proporciona este relato.

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